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El proceso de integración latinoamericana tiende a bifurcarse entre el Mercosur y la Alianza del Pacífico, pero no es un destino inevitable e impuesto por la geografía, analizan expertos.

La Alianza del Pacífico, en la que se agrupan Chile, Colombia, México y Perú, “abre nuevas perspectivas para América Latina”, incluso de una integración más equilibrada, sostuvo el sociólogo peruano Enrique Amayo, profesor de la Universidad Estadual Paulista, en Araracuara, a 270 kilómetros de São Paulo.
El Mercosur (Mercado Común del Sur), conformado por Argentina, Brasil, Uruguay, Venezuela y Paraguay aún suspendido, es un “bloque cerrado, en que el tamaño del país decide todo”.
Brasil siempre quiso imponer sus reglas a los demás, dificultando acuerdos, evaluó el académico de historia económica y de estudios internacionales latinoamericanos.
Así, la aparición de una asociación de cuatro economías importantes, con una ubicación geopolítica ventajosa en la costa del océano Pacífico, establece “un equilibrio de poder en América del Sur y en América Latina”, favoreciendo “negociaciones horizontales” al aportar un “sentido de realidad” a Brasil y al Mercosur como tal, acotó.
«La Alianza del Pacífico abre perspectivas de una integración más equilibrada con el Mercosur».
Eso podría beneficiar un acercamiento entre los dos bloques, en condiciones de igualdad, sin “liderazgos no elegidos ni líderes informales caris-máticos”, según Amayo. Pero los actuales problemas del Mercosur lo hacen improbable.
Brasil tendría que “cambiar su visión de la integración regional”. Sin embargo, no lo hará con el actual gobierno de Dilma Rousseff, dejando de aprovechar así “oportunidades dinámicas” que ofrecen los países del Pacífico, como Perú o Colombia, cuya economía crece hoy mucho más que la brasileña, destacó José Botafogo Gonçalves, embajador brasileño jubilado.
El Mercosur respondió a las necesidades brasileñas “en el contexto histórico” de los años 80 y 90, cuando se agotó el ciclo de sustitución de importaciones, el país enfrentaba una grave crisis financiera y se vio forzado a superar el aislamiento de su mercado interno.
La apertura comercial tenía sentido. Empezó con Argentina en 1988 y se amplió a Paraguay y Uruguay al fundarse el bloque en 1991, “un paso importante para la industria y la agricultura” brasileñas que ganaron compe-titividad, recordó Botafogo Gonçalves, actualmente vicepresidente emérito del Centro Brasileño de Relaciones Internacionales (CEBRI).
Pero el Mercosur “ya no atiende las necesidades de Brasil” ante la evolución económica del mundo, sentenció. Su industria perdió competitividad y el mercado del bloque es “insuficiente para recuperarla”, explicó.
Ahora se necesita integrar la industria a las cadenas productivas globales, sin pretender que sus insumos sean “100 por ciento nacionales”, porque así no se logrará competitividad para exportar, opinó el embajador. Por ejemplo México, al abrirse a la llamada industria de la maquila (zonas francas de producción para exportar) en las décadas pasadas, optó por un camino que hoy cosecha sus frutos.
En la visión de Botafogo Gonçalves, “aún hay espacio para un acuerdo amplio, pragmático”, que promueva cadenas productivas con los países de la Alianza del Pacífico, incrementando la eficiencia de la industria brasileña.
Debería ser un acuerdo no solo de reducción de aranceles, que hoy tienen escasa relevancia porque todos ya los bajaron mucho, sino de “una verdadera política de integración, comprendiendo regulaciones, energía, inversiones, infraestructura, propiedad intelectual y comunicación”, explicó.
Pero el diplomático no identifica “perspectivas brillantes” en esa área, por “las reacciones de irritación y alejamiento” que observa en el gobierno, con su preferencia por acercarse a Bolivia y Ecuador, en lugar de hacerlo a economías más prometedoras como las de Perú y Colombia.
Los principales problemas del Mercosur, que aún sigue vital para el comercio exterior de Brasil pese a la fuerte caída de sus exportaciones a Argentina, es que estos dos grandes socios abandonaron sus políticas de integración y libre comercio en la última década, indicó. Argentina lo hizo por sus dificultades financieras y no por oposición a su gigante vecino, pero en el caso de Brasil, tanto el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2011) como ahora Rousseff, renunciaron a la integración regional en la práctica, aunque manteniendo el discurso, criticó Botafogo Gonçalves.
El motivo sería ideológico y es el acercamiento al “chavismo”, es decir a las ideas del hoy fallecido presidente venezolano Hugo Chávez (1954-2013).
La preocupación de Amayo, en cambio, es con la actitud de Brasil como gran potencia, hacia los pequeños países, estableciendo desi-gualdades en las negociaciones. El ejemplo estaría en las situaciones subalternas de Paraguay y Uruguay en el Mercosur.
Además, la expansión de las empresas transnacionales brasileñas, apoyadas por crédito abundante del banco de fomento estatal de este país, genera reacciones negativas, según él.
Pero la Alianza del Pacífico no nació con una intención de “dividir” a la región, sino que se formó atendiendo intereses de sus miembros y la larga historia de sus relaciones a través del Pacífico, “no solo con China y Japón”, sostuvo Amayo. “Nunca se preguntó si el Mercosur dividía a América Latina”, arguyó.
La historia y la realidad de los países del Pacífico son ignoradas en Brasil, incluso en la diplomacia y en las instituciones de fomento de la investigación, que difícilmente aprueban apoyos financieros a estudios sobre el otro lado del continente, lamentó.
El nuevo bloque empieza con mucho dinamismo y con el pedido de adhesión de Costa Rica y Panamá, además de muchos otros en carácter de observadores, que ya concretó Uruguay.
Brasil deberá percibir pronto que la posición estratégica “pesa más que el tamaño”, pronosticó. Es que la Alianza no es solo del Pacífico, sino también “bioceánica”, con acceso privilegiado a la cuenca más dinámica de la economía mundial y también al Atlántico, concluyó.