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Faltan todavía seis meses para las elecciones presidenciales en Argentina pero la vorágine electoral ya se apoderó del país al iniciarse el proceso de las elecciones Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) que determinarán, primero al candidato a jefe del gobierno local que represente a cada partido político y luego al candidato presidencial.

Los primeros resultados realmente son preocu-pantes para el partido del gobierno de Cristina Fernández. Las recientes PASO en la ciudad autónoma de Buenos Aires dieron fuertes indicios que el 25 de octubre próximo, Argentina estará frente a una división del camino económico donde los electores tendrán que decidir, si siguen el actual modelo económico kirchnerista orientado hacia un Estado benefactor y re-paratorio creando espacios dentro del modelo neoliberal, o retornar a los postulados iniciales del neoliberalismo aplicados durante el gobierno de Carlos Menem (1989-1999).

En las facultades de economía de la mayoría de las universidades del mundo se siguen estudiando hasta ahora las reformas neoliberales de Carlos Menem que llevaron al país al desastre con un índice de desocupación de 22,4 por ciento. El presidente Menem las aplicó mientras enseñaba pasos de tango al presidente Bill Clinton.
En las actuales PASO porteñas para elegir al jefe de gobierno local, triunfó el partido Propuesta Republicana (PRO) con 47 por ciento de los votos, creación del alcalde de Buenos Aires Mauricio Macri quien desde 2007 ocupa este puesto. El segundo lugar obtuvo el frente Energía Ciudadana Organizada (ECO) logrando el 22 por ciento, quedándose relegado al tercer lugar el partido de gobierno Frente para la Victoria (FpV) apoyado sólo por el 19 por ciento de los votantes.
Si tomamos en cuenta que el PRO es un partido de orientación neoliberal conservadora afin a las reformas de Carlos Menem y el ECO profesa las mismas ideas llegaremos a la conclusión que la mayoría de los porteños y en especial la clase media emitió un voto netamente ideológico apoyando el discurso de la derecha local.
Lo más curioso del actual comportamiento electoral de la clase media es que esta clase estaba a punto de perecer en los años 1990 debido a las reformas de Menem. Fueron los gobiernos de Néstor Kirchner (2003-2007) y de Cristina Fernández, a partir del 2007, los que devolvieron la dignidad a la clase media y la han hecho crecer, del 34 por ciento de la población al 53 por ciento entre 2000 a 2011. También estos dos gobernantes hicieron disminuir la pobreza media (acceso a cuatro dólares diarios) en este mismo período de tiempo, del 31 al 10,8 por ciento. Igualmente las reservas internacionales crecieron de ocho mil millones a 32,6 mil millones de dólares. ¿Entonces, por qué los votantes porteños mostraron el rechazo al kirchne-rismo?
El periodista argentino Luis Bruschtein define este fenómeno en términos de “las gallinas que defienden a los zorros a comérselas”. Aclara que “lo mismo sucedió durante el primer pero-nismo que creó una gran clase media y que después abrazó el antiperonis-mo”. Después algo parecido se repitió en 1976 cuando muchos pequeños y medianos empresarios apoyaron al golpe de Estado que los hizo quebrar con las políticas del ministro de Economía y Finanzas, José Alfredo Mar-tínez de Hoz. Durante la crisis de los 1990 resurgieron las ideas del individualismo metodológico el cual fue exaltado por los intelectuales como Jorge Luis Borges quien exclamaba que “la muchedumbre es una entidad ficti-cia… yo creo que sólo existen individuos: todo lo demás las nacionalidades, las clases sociales son meras comodidades intelectuales… las masas son una entidad abstracta y posiblemente irreal”.
Precisamente, durante la década de los 1990, según la estudiosa argentina María Laura Lepre, “los ciudadanos se contraponían unos con otros en feroz competencia y prevalecían los más fuertes”. (Algo parecido pasó en la URSS al final de la perestroika y posteriormente en Rusia durante la época de Yeltsin). En Argentina “el día 6 de mayo de 1990 alrededor de 80.000 personas llenaron la Plaza de Mayo para apoyar las privatizaciones y el achicamiento del Estado, bajo la consigna “Sí a Menem” –apoyando la politi-zación del Estado”.
Unos 25 años después se están creando condiciones para repetir este mismo fenómeno en Argentina con la activa participación de los medios de comunicación monopolizados y globalizados, nacionales y extranjeros. No hay que olvidar que en Argentina hay dos grupos mediáticos que son dueños de casi todos los medios de comunicación: ellos son el Grupo Clarín y Telefónica Argentina S.A. Solamente el Grupo Clarín controla el 73,7% de los medios de comunicación nacionales poseyendo el Grupo Financiero norteamericano Goldman Sachs el 18 por ciento de sus acciones. A estos dos conglomerados los siguen el Grupo Avila, Grupo Emmis, Grupo Ernekián, Grupo Uno y el Grupo CIE-Rock&Pop.
Día tras día esta prensa globalizada está promoviendo lo que el economista argentino Raúl Prebisch (1901-1986) llamaba “la sociedad privilegiada de consumo” que excluye el ascenso a ella de otros sectores sociales. Para dar mayor solidez a esta forma de sociedad y la necesidad de poner fin al kirchnerismo, los medios de comunicación se apoyan en los conceptos de las Organizaciones no Gubernamentales (ONG) que actúan como los “think tanks” (pensadores) nacionales, siendo los más destacados entre ellos CIPPEC, Grupo Sophia, Poder Cotidiano, etc.
Ellos son los que hablan de la necesidad de cambiar el gobierno para poner en marcha reformas neoliberales de “modernización, transparencia y eficacia” y promover “la sociedad civil”. Son las mismas consignas que utilizó Barack Obama recientemente, tanto en el foro con los países de Caricom en Jamaica como en la VII Cumbre de las Américas en Panamá.
El líder del PRO, Mauricio Macri, ha venido aplicando estas ideas durante siete años en Buenos Aires llegando a deshumanizar la política porteña, favoreciendo a los ricos e ignorando las necesidades de los pobres. En realidad Macri, igual como el venezolano Hen-rique Capriles o el brasileño Aécio Neves, son partidarios de la idea del economista peruano Hernando de Soto, que los pobres son pobres porque les falta “creatividad e ingenio en la búsqueda del capital” y de que el capitalismo en su forma neoliberal es la única forma viable de organizar racionalmente una economía moderna. A la vez, estos líderes no insisten en privatizar abiertamente las escuelas y hospitales públicos, sino simplemente poco a poco disminuyen su presupuesto y tampoco intentan construir nuevas instituciones públicas. Todo lo calculan en función de los negocios privados y la estabilidad política.
Sus asesores, como el argentino José Luis Esport declaran abiertamente que “el Estado no tiene nada que hacer llamando a los sindicatos a negociar”. Otro economista, Miguel Ángel Broda afirma que “si vamos a negociar con Venezuela y Rusia, vamos a seguir aislados del mundo, cuando el mundo se está integrando. Necesitamos un acuerdo con el FMI”. La misma línea siguen los líderes del PRO Horacio Rodríguez Larreta, Laura Alonso, Miguel Brown, Nicolás Discoté y los economistas Federico Sturzenegger, Rogelio Frigelio, Carlos Melconian y muchos otros, que aprovechando el agravamiento de la situación económica mundial, como el enfriamiento de la economía china, la crisis europea y norteamericana y en especial la crisis brasileña que está afectando seriamente la economía argentina, están tratando de crear un rechazo a la política económica de Cristina Kirchner, especialmente a la industrialización del país y la sustitución de la importación por productos nacionales.
Los medios de comunicación globa-lizados están empeñados en asustar a la población de que no hay libertad para comprar dólares, que Argentina está acercándose a Rusia y China y se está aislando cada vez más del mundo, que los programas de asistencia social se pagan con el dinero de los jubilados, que el gobierno no hace nada para parar la inflación y hay que parar el festín de los subsidios. Como solución, ofrecen el fin al kirchnerismo y a votar por un nuevo gobierno que fortalecerá la alianza con EEUU, aplicaría la “terapia de shock” con un obligatorio del ajuste económico, conge-lamiento del gasto público y una gran devaluación del peso. También proponen pagar a los buitres financieros en las condiciones impuestas por el juez norteamericano Thomas Griesa, eliminar subsidios, salir del Mercosur y hacer total apertura comercial y terminar con la sustitución de los productos importados.
La presión “invisible” de EE.UU. contra el gobierno de Cristina Fernández, igual como su apoyo a la oposición, se incrementarán sin duda alguna. Los recientes 20 acuerdos entre Rusia y Argentina y en especial los de alianza estratégica, los convenios militares y la cooperación nuclear no han sido del agrado norteamericano que ve con preocupación la penetración tanto china como rusa en América Latina, el Caribe y en este caso en Argentina.
Las cartas están sobre la mesa y ojalá el pueblo argentino sea suficientemente maduro para saber elegir al futuro presidente de su nación el próximo 25 de octubre y se acuerde de uno de los últimos consejos de Juan Domingo Perón:
“Nuestras elecciones deben ser producto de profundas meditaciones” si “queremos una Argentina socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana”.